24 abr. 2011

5. Un municipio que impulse el empleo


Empleo: Ley de Propiedad Participada del Trabajador

Durante el año 2011 el desempleo ha alcanzado cifras históricas en nuestro país: más de cuatro millones y medio de personas (20,3% de la población activa) no tienen trabajo. Hay otro dato que resulta dramático: en más de 1.300.000 hogares todos los miembros de la familia están desempleados. Con estos números en la mano, no resulta extraño que el paro aparezca como el problema que más preocupa a los españoles en todas las encuestas.
Para los humanistas, sin embargo, el desempleo no es el problema. Es el síntoma de un mal aún mayor. Es la expresión de que a los poderosos de este sistema económico y social inhumano les sobra la gente. Les sobran los parados mayores de 50 años, les sobran los jóvenes que buscan su primer empleo, les sobran las mujeres y los inmigrantes que, dicen ellos, ocupan puestos de trabajo aumentando la desocupación.
Si tratamos de enfocar el desempleo, como hacen los partidos políticos tradicionales, desde la óptica de este sistema, jamás encontraremos una solución. Estaremos encadenados a reformas del mercado de trabajo que castigan a los más débiles, a sindicatos que no defienden los intereses de los trabajadores y a empresarios temerosos atenazados por los créditos usureros de los bancos.    
Es falso que un cambio en la situación financiera (eso que llaman crisis) o un relevo en el gobierno de turno vaya a resolver la situación. Los políticos actuales no son una solución, sino cómplices del problema.
A quienes controlan el capital no les interesa crear puestos de trabajo. Quieren que su dinero crezca, que genere mayores beneficios, a ser posible a gran velocidad. Lo llaman “poner a trabajar el dinero”. Su acción va entonces dirigida a rebajar costes -mano de obra más barata- y a acumular ganancias que son desviadas al circuito especulativo, en lugar de reinvertirlas en nuevas fuentes de trabajo. El resultado son empleos precarios, mal pagados, ocupados por trabajadores dóciles y asustados ante la amenaza verse condenados al paro.  
Es desde esta perspectiva, que la propuesta humanista no está enfocada a la simple creación de parches asistenciales para los desempleados ni, por supuesto, a continuar cediendo al chantaje de los grandes capitales y bancos. Hay que actuar entonces en la raíz del problema, proponiendo nuevos modelos que liberen al trabajador de la precariedad dotándole de capacidad de decisión, y saquen a los pequeños y medianos empresarios del laberinto crediticio.
El Plan Humanista Municipal impulsará el empleo de los vecinos favoreciendo que las empresas que así lo deseen puedan convertirse en Empresas de Propiedad Participada de los Trabajadores. Este nuevo modelo empresarial comparte la gestión y los beneficios entre el empresario y los empleados. Además, un porcentaje de las ganancias obtenidas deberá ser reinvertido en la creación de nuevos puestos de trabajo, evitando de esta forma la fuga del capital hacia la especulación.
Las nuevas empresas que se acojan a esta figura (o aquellas que modifiquen su situación para adaptarse a la misma) recibirán la financiación necesaria a través del Banco Público Sin Interés y tendrán importantes beneficios fiscales dentro del sistema tributario municipal.
 

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