21 abr. 2011

4. Un municipio implicado en la salud, educación y calidad de vida de sus vecinos

Basta un simple vistazo a los Presupuestos Generales del Estado para darse cuenta de cuáles son las prioridades para nuestros gobernantes (ahora y antes, puesto que estos datos no varían dependiendo del signo político de quien ocupa el poder). El presupuesto militar (incluyendo la investigación en este campo) prácticamente duplica lo invertido en salud y triplica lo destinado a educación. Resulta evidente entonces que, a ojos de este sistema, es más importante continuar invirtiendo en destrucción que destinar recursos a la buena salud física e intelectual de las personas.

Los Humanistas consideramos los recursos destinados a las áreas de educación, salud y calidad de vida de los vecinos como una inversión en el ser humano y no como un necesario “gasto social”. Los poderosos siempre dicen “¿y de dónde saldrán los recursos?”, pero quienes así objetan gastan miles de millones en ayudar a la banca y permiten que otros miles de millones escapen de la economía productiva a la especulación que no produce ningún beneficio social. Lógicamente el cambio en el modelo de servicios sociales tiene que ir de la mano de un cambio del modelo económico, político y social.

Desde hace tiempo, esos mismos políticos que decidieron destinar los presupuestos a otras cuestiones que ellos consideran más importantes que la salud y la educación, quieren instalar, con la ayuda de los medios de comunicación, la idea de que estos servicios funcionarían mejor si son privatizados. Las denominadas “cogestiones” ocultan una privatización paulatina de la salud y la educación, al tiempo que la falta de recursos dedicada a estas áreas provoca la precarización de los servicios. Se encargan de culpabilizar de esta precariedad a inmigrantes o ancianos por el uso que hacen de la salud y la educación públicas, demostrando de nuevo que les sobra la gente. En lugar de destinar más dinero, quieren que haya menos usuarios. Mientras tanto, los profesionales afrontan jornadas de trabajo cada vez más extensas que les impiden rendir adecuadamente y jóvenes licenciados se ven abocados al paro y a empleos mal remunerados. Esta degradación de lo público, programada desde los políticos que nos gobiernan, es la excusa que utilizan para la privatización.

Los Humanistas decimos que la salud y la educación no pueden ser jamás un negocio.

Son un derecho inalienable que todos los vecinos de un municipio deberían poder disfrutar en unas condiciones óptimas y de forma totalmente gratuita. 

Hoy está en crisis el esquema educacional, manifestándose esta crisis en la desmotivación de los educadores, la preocupación de los padres, el fracaso escolar, los niveles de absentismo, una violencia desconocida hasta ahora y unos contenidos educativos que corren por detrás de una sociedad humana, científica y tecnológica que está buscando una nueva visión del mundo, una nueva sensibilidad y un nuevo ser humano muy lejos ya de las viejas enciclopedias.

En un municipio Humanista la educación es una prioridad y, por ello, garantiza:

l       Educación pública gratuita y de calidad en todos los niveles, desde la educación infantil hasta la universidad.

l       Acceso gratuito al material escolar, incluyendo los recursos técnicos e informáticos necesarios, para garantizar la verdadera gratuidad de la educación.

l       Una educación en la diversidad (como es diversa la sociedad en la que vivimos, diversa en las razas, diversa en las culturas, diversas en las ideas y en las creencias) y que potencie los valores humanos de acuerdo a la máxima: “Nada por encima del ser humano, y ningún ser humano por debajo de otro”.

l       Una educación integral, que forme y desarrolle a los niños y jóvenes en la capacidad del pensar. la integración y aceptación del cuerpo, la expresión emotiva y la sexualidad. Estos pilares deberán ser adaptados a cada nivel educativo desde la educación infantil hasta la universidad.

La asistencia sanitaria debe ser universal, pública y gratuita, siendo coordinada entre el municipio y la comunidad autónoma. Es necesario definir las necesidades reales y dotar a hospitales y centros de salud de todos los medios necesarios. La salud de la población no puede ser objeto de negocio y especulación y no pueden recortarse las prestaciones por ninguna razón.

Utilizando malintencionadamente los medios  de comunicación para exagerar los defectos de lo público y exaltar las supuestas bondades de la privatización, nos quieren hacer creer que lo público es siempre malo y que lo privado es más eficiente, se trata mejor al paciente y a la larga es más barato. La realidad es distinta: las fuertes inversiones que son necesarias para, por ejemplo, hacer hospitales, son luego explotadas bajo  formulas de “gestión privada”. De esa forma algunos hacen muy buenos negocios sin apenas correr riesgos, ya que los clientes (la población) no tienen otra opción y los que pagan (el estado) lo hacen puntualmente. Todos pagamos y unos pocos se benefician.

La solución ante los problemas actuales no es la privatización sino mejorar la gestión haciéndola más transparente y con la participación de la Administración Publica, los profesionales y los usuarios.

La concepción Humanista fomenta la investigación para desarrollar un sistema de salud basado en la prevención de las enfermedades y no en el gasto farmacéutico. Impulsará, además, un centro de terapias alternativas, adecuadamente reguladas y reconocidas, dentro del sistema público y gratuito de salud. 

Las políticas médicas tienen que venir de la experiencia, no de los intereses económicos de laboratorios e industria médica, que antes que acabar con la enfermedad buscan multiplicar sus beneficios.

Un ejemplo especialmente grave es el abuso de psicofármacos sobre todo en niños y adolescentes, dictados por modas e informes que están directa o indirectamente manipulados por los propios laboratorios. Sabemos que en este momento histórico hay cada vez más tensiones, dificultades de comunicación, etcétera, pero eso no se resuelve introduciendo química en el sistema nervioso de los seres humanos. Y que esto se haga en nuestros niños y adolescentes aprovechando la desorientación de maestros y padres, es absolutamente inmoral.

La calidad de vida de los vecinos de un municipio implica otros servicios además de la salud y la educación. Una administración pública que se ocupe del bienestar de sus vecinos defenderá los intereses de los mismos en el acceso a los servicios de agua, electricidad, telecomunicaciones, etcétera. Hay que detener la locura privatizadora que, impulsada por los políticos que actualmente nos gobiernan, busca abrir nuevas vías para el beneficio de grandes empresas y grupos de presión.

El bienestar de la población, por cierto, tiene mucho que ver con el cuidado del medio ambiente. La política medioambiental del municipio debe convertirse en un motor fundamental de desarrollo. Cualquier decisión estratégica (en empleo, energía, transporte, etcétera) tendrá que alinearse con el concepto de desarrollo sostenible.

El municipio Humanista desarrollará un plan de energías limpias que busque sustituir paulatinamente las fuentes energéticas contaminantes por otras limpias y renovables, saliendo así además del continuo chantaje que representan las presiones ejercidas por grupos empresariales relacionados con el petróleo.

En este sentido, el municipio impulsará la formación y cualificación de profesionales en gestión ambiental y energías limpias, además de incentivar fiscalmente a las pequeñas y medianas empresas para la producción, instalación y mantenimiento de fuentes energéticas renovables.

En su sentido más amplio, el medio ambiente es el compendio de valores naturales, sociales y culturales existentes en un lugar y momento determinado, que influyen en la vida material y psicológica del ser humano y en el futuro de generaciones venideras. Por eso, cualquier acción en el ámbito del medio ambiente debe estar planteada desde la necesidad de un desarrollo sostenible y equilibrado. Cuidar la naturaleza es cuidar la casa común de todos los vecinos.

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