3 feb. 2013

HACIA DEMOCRACIAS MÁS DIRECTAS, PARTICIPATIVAS Y CONSENSUALES

Nosotros no poseemos una mirada superficial e ingenua y sabemos perfectamente que el "sistema" no lo constituye el gobierno, la derecha, los banqueros o la policía. Somos plenamente conscientes de que consiste en un particular modo de organizarlo todo mediante una determinada escala de valores. Es una suerte de puzzle en el que la política, la economía, la educación, la energía e incluso nuestra propia conciencia son algunas de sus piezas. Todas han de encajar entre sí por lo que la acción a desarrollar ha de ser de carácter estructural. Sin embargo, somos una formación política y esa es nuestra especialidad y nuestra particular responsabilidad. Otros andan haciendo lo propio impulsando una "economía del bien común" (convergente completamente con nuestros planteamientos cooperativistas tendentes a modificar la actual relación existente entre el capital y el trabajo),  defendiendo la denominada "educación prohibida" o abogando por modelos energéticos basados en recursos renovables en detrimento de los fósiles. Son numerosos los frentes y sin embargo fue la sed de democracia la que rompió los diques de la resignación popular propiciando esa singular y espontánea marea de indignación mundial. No nademos a contracorriente y aprovechemos esos vientos que, a todas luces, parecen conducirnos hacia esperanzadores puertos fijando nuestra prioridad ahí.
 
Una democracia real pasa por la reforma de dos pilares fundamentales: La Ley Electoral y La Participación Ciudadana.
 
 
LA LEY ELECTORAL
 
Tras las pasadas elecciones celebradas el 20 de noviembre, un sentimiento generalizado de injusticia se instaló en la ciudadanía al constatar las incongruencias existentes entre la distribución de los votos emitidos y el reparto de escaños asignados.
 
Rajoy, por ejemplo, obtiene una mayoría absoluta que le permite gobernar en solitario avalada por tan solo 3 de cada 10 españoles. Rosa Diez cuatriplica el número de votos obtenidos por los abertxales y, sin embargo saca dos diputados menos que ellos. Cayo Lara con 700.000 votos más que los nacionalistas catalanes se queda con 5 diputados menos. Finalmente, GBAI con la quinta parte de los votos obtenidos por EQUO consigue un diputado mientras la formación liderada por Uralde queda fuera del Parlamento.
 
Todo ello ha puesto de manifiesto la necesidad de una urgente reforma de la Ley Electoral, que posibilite ir desarrollando unas nuevas reglas del juego democrático más igualitarias que, a su vez, no favorezcan únicamente a las grandes formaciones políticas en detrimento del resto.
 
El sistema actual tiende claramente a instaurar a perpetuidad un bipartidismo hegemónico discriminando a las minorías, silenciando así su voz y la de aquellos a quienes representan. De ese modo, la pluralidad manifestada por los electores en las urnas carece de un reflejo directo en la composición de las cámaras en donde cada vez un mayor número de ciudadanos (1.442.780 en esta ocasión) carecen de posibilidad real de participación en sus decisiones. La vigente normativa y todas sus aplicaciones prácticas son tan injustas que rayan en lo tramposo y es por ello que exigimos una revisión inmediata de la misma. Instamos a la ciudadanía a rebelarse reclamando una Ley Electoral que ampare todas las posturas y todas las opiniones. Sólo así conseguiremos que apostar por puntos de vista alternativos, que supongan un verdadero y necesario cambio en nuestra sociedad, no sea un ejercicio inútil sino enriquecedor.
 
 
TODOS LOS VOTOS HAN DE VALER Y VALER LO MISMO
 
Reducir al máximo el número de escaños a distribuir es la manera más idónea de impedir a las formaciones alternativas superar la barrera parlamentaria. Sin embargo, las cámaras suelen poseer un significativo número de miembros por lo que la trampa consiste entonces en subdividir artificialmente en zonas la totalidad del territorio, minimizando así en cada lugar, la cantidad de cargos a elegir. Esa y no la fórmula electoral de escrutinio elegida es la estratagema más eficaz a la hora de perpetuar un bipartidismo hegemónico alternante como sistema político. El culmen de esta táctica la hallamos, como no, en el sistema americano donde el ganador en un determinado estado se lo lleva absolutamente todo, blindándose así ante la eventual posibilidad de una tercera vía.
 
Si lo que se va a elegir son los representantes que van a gobernar en un ámbito geográfico determinado, lo lógico y razonable sería establecer esa región como circunscripción electoral única en vez de atomizarla. Solamente así se garantiza además que el voto de cualquier ciudadano valga exactamente lo mismo. Por si las zonas electorales se abrieran lo suficiente como para impedir el deseado efecto de que siempre gobiernen los mismos, se sacaron de la chistera además lo de la barrera porcentual, amenazando con todas estas tretas al elector, tentado de emitir un voto alternativo (harto ya de tanto mamoneo), con la posibilidad de que su decisión resulte completamente estéril. Este chantaje tácito se conoce con el nombre de "voto útil" y obliga a mucha gente a elegir una opción, que en el fondo no comparte, por el miedo a que resulte electa una aún peor.
 
En realidad, el exagerado interés en preservar el sincretismo del voto no responde tanto a un derecho a salvaguardar la intimidad personal. Se trata, por el contrario, de ejecutar esa traición de la manera menos vergonzosa posible ya que los que nos sentimos orgullosos de nuestro voto no dudamos jamás en proclamarlo.
 
Para completar el abanico de chanchullos varios, hemos de mencionar las fórmulas de reparto de escaños que, de entre una multitud de procedimientos posibles, se suelen emplear. Lógicamente la proporcional Ley D Hondt y todos sus parientes cercanos son los más populares ya que dificultan enormemente a cualquier minoría traspasar el umbral de la representatividad política.
 
Ello se debe a que el interés, a la hora de elaborar las diferentes normativas, estaba puesto más en la supuesta gobernabilidad que en la pluralidad. Sin embargo, en la actualidad el mecanismo de las mayorías simples en la toma de decisiones empieza a ser menospreciado en beneficio de las fórmulas de consenso amplio. En ese sentido el empleo de métodos como el Sainte-Lague, el Hare y similares permitiría cámaras más plurales y abiertas a las minorías, enriqueciendo así nuestros parlamentos.
 
 
RESULTADOS DE LAS ÚLTIMAS ELECCIONES GENERALES SEGÚN CIRCUNSCRIPCIÓN Y FÓRMULA ELECTORAL
 
 
 
CONGRESO 2011
 
CONGRESO 2011
COCIENTE MAYOR
D'HONDT
UNA CIRCUNSCRIPCIÓN
52 CIRCUNSCRIPCIONES
 
 
Partido
Escaños
 
Partido
Escaños
PP
160
 
PP
186
PSOE
103
 
PSOE
110
IU-LV
25
 
IU-LV
16
UPyD
17
 
UPyD
11
CiU
15
 
CiU
7
AMAIUR
5
 
AMAIUR
5
PNV
5
 
PNV
5
ESQUERRA
4
 
ESQUERRA
3
EQUO
3
 
EQUO
2
BNG
3
 
BNG
2
CC-NC
2
 
CC-NC
1
COMPROMIS
2
 
COMPROMIS
1
PACMA
1
 
 
 
FAC
1
 
 
 
Eb
1
 
 
 
PA
1
 
 
 
PxC
1
 
 
 
PRC
1
 
 
 
 
 
TODAS LAS CANDIDATURAS SE HAN DE PRESENTAR EN IGUALDAD DE CONDICIONES
 
¿Qué pensarían si en la final olímpica de los 100 metros lisos se le permitiese al campeón anterior salir unos metros por delante del resto (los suficientes como para ganar siempre)?...
 
Pues bien, esto mismo es lo que sucede con las elecciones.
 
Mientras unos partidos ponen en marcha su ingente maquinaria propagandística, que hemos subvencionado entre todos, empapelando cada vallas publicitaria, otros se afanan en buscar algún rincón donde poder pegar, sin la amenaza de ser multados, unos cuantos carteles que ellos mismos, de su propio bolsillo, han pagado.
 
Mientras algunas formaciones, pese a recibir una cobertura mediática constante, nos cuentan sus mentiras, durante media hora, en el pico de máxima audiencia, otras disponen de 2 minutos en la segunda cadena, un martes a las cuatro de la mañana y todo ello en esa televisión que mantenemos con nuestros impuestos.
 
Mientras cada elector recibe en su casa las papeletas de algunas privilegiadas candidaturas, pagando todos nosotros semejante despilfarro, algunos representantes de otras han de recorrer cada mesa para asegurarse de que al menos llegaron al colegio electoral.
 
Mientras los líderes de algunas organizaciones son retocados en sus carteles por sus asesores de imagen, los militantes de otras recorren cada esquina, carpeta en mano, molestando a la gente para reunir los avales, exigidos arbitrariamente por aquellos, para al menos poder participar de esta farsa cuasidemocrática.
 
 
LOS ELECTORES HAN DE PODER ELEGIR LIBREMENTE CUALQUIER CANDIDATO
 
Paradójicamente, los partidos políticos tradicionales, al menos en España, poseen un funcionamiento interno escasamente democrático. En la práctica son meras cúpulas instaladas a base de medrar en el organigrama, desconectadas totalmente de la base social y de sus afiliados a quienes jamás consultan. Valga esta cruda realidad como argumento en favor de que sean los propios ciudadanos y no esas mafias los que determinen la idoneidad o no de que un determinado candidato tenga posibilidades de resultar electo.
 
Las listas abiertas permiten ese necesario control ciudadano de las disciplinas partidistas al valorar determinadas cualidades personales por encima de siglas y estereotipos ideológicos a la par que posibilitan una menor presión de esas cúpulas manipuladoras instaladas ahí con vocación de perpetuidad.
 

PARA QUE DEJEN DE JUGAR CON NOSOTROS, CAMBIEMOS LAS REGLAS DEL JUEGO
IDEARON LA TRAMPA Y LUEGO SACARON LA LEY
NUESTRA LEY ELECTORAL NO ES UNA NORMATIVA SINO UN CATÁLOGO DE TRAMPAS Y CHANCHULLOS
 
 
PARTICIPACION CIUDADANA
 
Imaginemos que al llegar a casa con una lavadora nueva, nos llevamos la desagradable sorpresa de que no funciona y, al regresar a la tienda pidiendo explicaciones, la única solución que nos ofrecen es ahorrar durante cuatro años para comprar otra de una marca diferente. Jamás toleraríamos semejante atención al cliente y, sin embargo, el actual sistema político funciona de este modo. Hacer el amor cada cuatro años no es tener vida sexual al igual que votar en cada legislatura no es vivir en democracia. Si la única posibilidad que posee la ciudadanía de expresar su voluntad es eligiendo a nuestros supuestos representantes, el voto acaba convirtiéndose en un cheque en blanco mediante el cual renunciamos a nuestra soberanía en favor de sus intereses.
 
Por consiguiente, resulta imprescindible revitalizar nuestras democracias abriendo cauces de participación directa a través de los cuales la ciudadanía pueda ejercer efectivamente su voluntad en el ámbito político. En ese sentido, orientar las Iniciativas Legislativas Populares hacia la obligatoriedad, por parte de las instituciones, de convocar referéndums vinculantes para dirimir las cuestiones planteadas por ellas, supondría un serio avance en esa dirección. A su vez, el desarrollo tecnológico alcanzado hoy en día, en el campo de las comunicaciones, cuestiona incluso la necesidad misma de la representatividad parlamentaria ya que nada, salvo la voluntad política, impide instaurar el voto electrónico generalizado y permitir así que podamos decidir de un modo inmediato y sin ningún tipo de intermediación sobre, al menos, aquellas cuestiones cuya especial trascendencia nos atañe a todos, así como permitir o no la realización de proyectos cuya envergadura requiera de una fuerte inversión o posean un marcado carácter medioambiental o militar.
 
La democracia representativa no funciona.  En la práctica, los representantes  se corrompen y los representados se desentienden. Por otro lado, no es posible convocar referendums, mediante el clásico sistema de urnas y papeletas, con la frecuencia necesaria. Sin embargo, hoy es posible, gracias al desarrollo tecnológico en el campo de las telecomunicaciones, realizar consultas directas a la ciudadanía con la inmediatez que requiere una acción de gobierno.
 
Por consiguiente, ha llegado el momento en que todos podemos decidir nuestro futuro sin que nadie tenga que hacerlo por nosotros.
 
Como sutilmente nos han acostumbrado a lo contrario, ante dicha posibilidad, sentimos cierta incertidumbre y es precisamente esa irracional reserva, que siempre nos atenaza ante lo nuevo, lo único que impide que nos liberemos, de una vez por todas, de esa lacra que constituyen los políticos profesionales.
 
 
MECANISMOS JUDICIALES DE CONTROL
 
Otra cuestión importante a considerar se refiere a la impunidad (tanto legal como política) con que nuestros dirigentes suelen ejercer el poder que supuestamente nosotros les hemos otorgado. Aquí cabría articular toda una serie de mecanismos legislativos tendentes a establecer la posibilidad de revocación inmediata de cualquier cargo electo que incurra en delitos de corrupción o que simplemente incumpla los compromisos electorales adquiridos durante la campaña y, mediante los cuales, resultó elegido.
 
 
DEMOCRACIA Y CONSENSO
En un mundo donde la confrontación se ha convertido en el principio rector que regula las relaciones interpersonales, no cabe otra posibilidad que resolver lo colectivo mediante la fría aritmética de intereses particulares que luchan entre sí por prevalecer unos sobre otros.
Así, en las democracias actuales, 51 individuos imponen su cosmovisión a los 49 restantes, constituyendo así una auténtica dictadura de la mediocridad.

Solamente así, con la premisa de la confrontación como telón de fondo, algo tan burdo como la democracia mayoritaria puede aparecer como el mecanismo más evolucionado que la humanidad haya desarrollado jamás para conducirse de manera conjunta.

Se tiende equivocadamente a suponer que la democracia es, de alguna manera, una aproximación al consenso cuando en realidad constituye su verdadera antítesis. No existe mejor manera de asesinar un proceso consensual que someterlo al dictamen de la mayoría.
El legado de ese miope proceder son las sociedades actuales fragmentadas en bloques sectoriales (obreros contra empresarios, padres contra hijos, hombres contra mujeres... Etc.). Es tan corta la mirada que, careciendo por completo de imaginación, muchos, en vez de plantearse fórmulas para trascender esa dinámica fraticida, optan por elaborar "sesudos" ideologemas a partir de la actual situación sentenciando a perpetuidad este absurdo modelo.  

La conveniencia de introducir el consenso en las democracias actuales es abordada por numerosos autores de entre los que destaca el filósofo Jürgen Habermas que considera que si las normas afectan a todos, deberían emanar siempre de un consenso mayoritario.
Sin embargo el estudio más concienzudo y práctico existente al respecto es, sin duda, el elaborado por Liphart en el que se comparan, en todo el mundo, democracias fuertemente mayoritarias frente a otras de carácter más consensual. Su análisis concluye que las primeras presentan una fuerte tendencia a establecer una clara supremacía del poder ejecutivo sobre el legislativo, una vocación inherente al bipartidismo con sistemas y leyes electorales desproporcionales destinadas a perpetuarles en el poder, gobiernos demasiado centralizados y legislaturas unicamerales que suelen poseer la última palabra en lo referente a la constitucionalidad de su propia legislación a tenor del control que suelen poseer, a su vez, sobre el poder judicial.
 
UN CASO EJEMPLAR: EL SISTEMA DEMOCRÁTICO SUIZO
 
Uno de los exponentes más claros de democracia en la que se introducen elementos consensuales lo encontramos en Suiza. El trámite legislativo en ese país está regulado por un sistema sofisticado, en el cual diversos actores políticos intervienen activamente.
 
La iniciativa surge cuando un consejero federal propone un nuevo proyecto de ley. Acto seguido se presenta a ambas cámaras del Parlamento por separado. La cámara que inicia el debate sobre el proyecto es la que convoca una comisión que a su vez se compone de diputados de distintas formaciones políticas con profundos conocimientos en la materia. Los diputados comisionados se encargan de llegar a un acuerdo marco.
 
Cuando se ha llegado a un primer acuerdo provisional en la comisión, se presenta el anteproyecto modificado a la cámara que inició el trámite legislativo para que se propongan otras modificaciones.
 
Después de haberse aprobado el anteproyecto de ley en esa cámara, se inicia el debate en la segunda cámara donde los representantes pueden hacer sus enmiendas al proyecto. El trámite legislativo se concluye con la aprobación vigente de la ley en ambas cámaras.
 
Sin embargo, en el proceso legislativo suizo también puede intervenir cualquier grupo interesado al poseer el denominado «poder refrendario» mediante el cual cabe la posibilidad de amenazar al parlamento con reunir las firmas necesarias (55.000) para convocar un referéndum sobre la ley en cuestión. El Gobierno, a su vez, para impedir que se realice la convocatoria, puede negociar proponiendo un compromiso admisible por los oponentes de la ley.
 
En definitiva, donde reina la confrontación, lo diverso dificulta la gobernabilidad pero si se abre el diálogo con una actitud integradora, lo distinto enriquece.

Luis Bodoque, miembro activo del Partido Humanista de Canarias
 
  


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