23 jun. 2010

EL VIRUS DE ALTURA

Los escritos de Lala Rodríguez*.


Soy una de esas personas que considera que los verdaderos e importantes cambios que requiere nuestra sociedad no se darán gracias a la política, por la menos tal como la conocemos hoy. Pero también he creído que la labor política, cualquiera sea la función, puede desarrollarse de un modo distinto, un modo que permita ir ayudando a orientar esos cambios en una dirección adecuada, en una dirección de real justicia hacia las grandes mayorías postergadas.


Así, con una convicción por delante y también con una esperanza, he asumido un cargo político, un cargo de representación. Y a medida que el tiempo pasa, a medida que más me involucro en los ámbitos políticos, a medida que conozco más de cerca a otros políticos, pero especialmente a medida que descubro mis propias transformaciones, con más fuerza que nunca creo en la imposibilidad de la política para lograr los anhelos humanos. y mi esperanza de hacer las cosas de otro modo se ha ido tiñendo de todo tipo de dificultades.


Hoy se reconoce el fracaso de la política como orientadora de los fenómenos sociales, pero la política no es un ente superior que tiene vida propia, es el conjunto de intenciones humanas en las ciénagas del poder. Por tanto, el fracaso de la política es el fracaso de hombres y mujeres que han sido corruptos por el poder o han debido corromperse para alcanzar una mísera e ilusoria cuota de poder.


He podido comprobar una y otra vez cómo las personas frente al poder se transforman. Siempre este cambio se me hace más evidente al ver a otros, sobre todo a quienes nunca antes han disfrutado del poder, pero también he notado cambios en mí misma que me han aterrado. Del mismo modo en que a veces me veo actuando con mi hijo tal como lo hacía mi madre conmigo y yo juré nunca hacerlo, hoy reconozco en mis cambios elementos de todos aquellos personajes políticos que siempre aborrecí por disfrutar de privilegios que los distanciaban de los pueblos.


Reconozco que todo cargo político tiene una cuota importante de sacrificio y de postergación de temas personales por temas sociales o de grandes conjuntos. Pero según observo a diario a políticos que optan heroicamente por esta postergación, me veo obligada a cuestionarme yo misma, a preguntarme si no seré una más que simplemente se engaña y cuyo verdadero motor es la aspiración de éxito y prestigio personal para darle un poco de sentido a la propia existencia.


Este cambio de la personalidad que se produce con el poder es el llamado "virus de altura". Tiene las características de virus porque es esencialmente contagioso.


Estas palabras (Este libro) no representan una crítica a ningún ser humano en particular, pero sí una voz de alerta para todos aquellos que nos reconocemos como parte del grupo de alto riesgo de contagio del "virus de altura" y también un mensaje para quienes ensueñan con contagiarse algún día.

 
(*) Laura Rodríguez, diputada humanista, se destacó por su lucha en favor de los derechos de los grupos más discriminados, en especial de las mujeres, los grupos étnicos, de los enfermos y portadores de VIH, de los jóvenes y el adulto mayor.

http://www.laurarodriguez.cl/

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