9 mar. 2010

Denunciemos la violencia económica


La violencia se manifiesta como la acción y efecto de despojar al otro de su intencionalidad (y, por cierto, de su libertad); como acción de sumergir al ser humano, o a los conjuntos humanos, en el mundo de la naturaleza. O sea, por la violencia se anonada la intención de otros, considerándolos objetos, prótesis de mi propio cuerpo, en cuyo caso debo "vaciar" su subjetividad totalmente (objetivizándolos) o, por lo menos, en aquellas regiones del pensar, el sentir, o el actuar que deseo gobernar de modo inmediato. Las distintas formas de violencia (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) son expresiones de la negación de lo humano en el otro.

Violencia económica.- Quien hace algo que perjudica a otros en sus legítimos derechos económicos o situación económica ejerce violencia económica. En otras palabras, cuando se atenta contra la subsistencia y nivel mínimo de vida, cuando se priva de legítimas ganancias o propiedad, etc.

A pesar de poder presentarse acompañados por otras formas de violencia, los siguientes ejemplos pueden ser vistos básicamente como casos de violencia económica: monopolización - explotación – esclavitud - defraudación - comercialización deshonesta - sobrevaluación - tasar por defecto o por exceso (según el caso) - especulación - desfalco - robo - hurto - estafa - usura - soborno - extorsión - acaparamiento - etc.Tanto en la violencia física como económica, algunos casos se deben a incompetencia o a negligencia culposas, o a la falta de disposición para evitarlos, o al derivar recursos que pudieran evitarlos a otras áreas de interés, etc.

Hay mucho de violencia psicológica en el imponer formas de vida, de subsistencia, credos, costumbres, etc. O sea, imponer los propios modelos sobre otros por medio de la coacción, la extorsión, o la ignorancia (promovida o aprovechada). Mucho de esto se esconde bajo palabras tales como "educación," "moral y buenas costumbres," "tradición," etc.

Por último, también podríamos mencionar la violencia moral, en la que incurre quien es cómplice de cualquier forma de violencia. Esta admite varios grados, pero cualquiera que, aunque no esté directamente comprometido, consiente o no hace nada por impedir la violencia, es también responsable por ella y sus consecuencias. Dejar de ser un testigo pasivo de la violencia y comenzar a transformar las condiciones de violencia es un tema de responsabilidad moral.

La violencia se ha instalado no solo en el poder y en quienes dirigen el destino del pueblo, sino también en el interior de cada individuo, en las relaciones personales y en los diversos grupos sociales independientemente de su condición cultural ó económica.

La violencia se ha instalado en el pensar y sentir de una sociedad, que peligrosamente observa cómo avanza y se consolida la falsa idea de: “No existe solución al problema de la violencia”.Es necesario reflexionar personalmente acerca de que “nadie puede sentirse ajeno a este problema”. No existe “la solución personal” mientras todo se derrumba a nuestro alrededor, pues, si no hay un cambio de dirección y de conducta, “lo que hoy les sucede a otros, está muy cercano de sucederme a mí”.

Es necesario entonces asumir un compromiso real frente a los problemas actuales, reflexionando en que condiciones internas y externas queremos vivir y decidiendo en que condiciones quisiéramos seguir viviendo

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