16 ene. 2008

Ni derechistas ni izquierdistas, sino humanistas


Quiero saludar a todos los amigos y a los compañeros que en otras ciudades expresan, como nosotros, la propuesta política del humanismo. También quiero saludar a los amigos ausentes, que no saben que están ausentes, a toda esa gente que siente como nosotros pero no nos ha escuchado ni nos conoce aún.

Miles y miles de estos humanistas “inconscientes”, quiero decir, que no son conscientes de serlo, estarán soportando, seguramente con dignidad, la avalancha publicitaria electoral que viene arrasando desde hace meses y que se hará insoportable en pocos días.

Estamos en campaña electoral. Estamos en plena representación teatral, lo cual es una bendición… para los gabinetes de marketing. Gabinetes tan avanzados que han llegado a descubrir lo que los trileros de cualquier esquina saben desde hace muchos años: Elijas lo que elijas, pierdes.

Los populares y los socialistas, actores principales gritan por todos los medios que ellos son la única opción. Que todos los demás son comparsas. Y ahí está el pobre elector, preguntándose bajo qué cáscara está la bolita que decide el futuro. Pero la bolita no está, y gana la banca. Otra vez.

Veamos qué esconden esas cáscaras que prometen bolita. Veamos qué han hecho esos que quieren decidir por todos nosotros:

Hace muy poco tiempo, cuando ya los poderes económicos aceleraban su concentración, los socialistas españoles tuvieron en sus manos las esperanzas de millones de personas, y el encargo por parte de los poderes económicos de construir una democracia formal. Construyeron una gran administración, es decir, una administración muy grande, y su alma de funcionario alcanzó para dar forma al llamado estado del bienestar y a continuación comenzar su demolición para hacer sitio al mercado, mientras algunos aprovechaban la coyuntura para sanear su cuenta corriente a través de la corrupción. Tras cumplir el encargo fueron sustituidos.

Los populares esperaron su oportunidad con impaciencia empresarial. Y la tuvieron. Trajeron la prosperidad para muchas empresas prósperas. En el gran mercado ellos han encontrado oportunidades de negocio para muchos. Incluso la Salud y la Educación pueden ser negocio rentable para algunos. Mientras tanto la educación pública y la salud pública y el trabajo se vuelven precarios. Hoy los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Hemos ido a más, según dicen orgullosos, y hay quien llama a este éxito “el milagro español”. Apretaron las tuercas de las puertas para que no vengan demasiados extranjeros incómodos a este gran mercado-nación. Pero no se pueden poner puertas al campo. Y durante todo el tiempo hicieron del antiterrorismo un eje importante de su discurso, lo aventaron en medios de comunicación hasta la saciedad, alimentando a la bestia, convirtiendo al terrorismo en un contrapoder que ocupa más espacio en la mente social que los miles de victimas de la violencia en el hogar o los miles de muertos que la violencia económica y la falta de cooperación real dejan en el estrecho. Esta obsesión antiterrorista ha continuado hasta el extremo de enrolar a España como asistente y cómplice de un botarate manchado de sangre y petróleo.
Tras aquéllos vientos cosecharon la tempestad que permitió a los socialistas disponer de la oportunidad de reivindicarse y cambiar la mala dirección, pero como no son ellos quienes deciden, de nuevo han tirado por la borda la confianza depositada en ellos y mientras los pocos de siempre no tienen ya donde guardar los superbeneficios, a la mayoría de los españoles nos cuesta cada vez más llegar a fin de mes y la bolsa de la indigencia y de la pobreza se sigue inflando sin control.

Los “coalicioneros canarios” sólo hacen lo de siempre, representar el papel de víctimas para recaudar todo lo que se pueda en Madrid y el de perros guardianes de los intereses de los “suyos” aquí, llevándonos a la ruina económica, social, cultural y ecológica de los canarios a los que dicen defender.

La alternativa real no es entre populares y socialistas, caras de la misma moneda y dependientes del poder económico, sino entre las dos direcciones posibles para nuestro país: concentración (financiera, militar, industrial) o descentralización del poder hasta la base social. La disyuntiva es: o aumenta la igualdad, la participación y la democracia real para todos o crece la desigualdad, la discriminación y el sufrimiento social, y por tanto la violencia en sus distintas formas.

Para nosotros la alternativa real se da entre aquello que humaniza y lo que deshumaniza, entre lo que eleva y da libertad a las personas, y lo que las convierte en objetos para usar por otros. No hay criterio económico, ni intereses de estado que puedan justificar el aumento de la desigualdad entre grupos humanos, ni una política manchada por la complicidad mentirosa con aventuras militares criminales.

El voto útil es un engaño destinado a impedir cambios. Y no aguantará indefinidamente.

Los humanistas lanzamos nuestro mensaje dirigido a quienes experimentan lo singular del momento que vivimos y ven la posibilidad de lograr verdaderos cambios personales y sociales obrando con coherencia.

Nuestros amigos explicarán las propuestas del partido Humanista. Serán propuestas cargadas de fuerza e intención y seguiremos expresándolas más allá de la coyuntura electoral, y después nos presentaremos a las elecciones europeas y hablaremos con todas las voces y todas las lenguas. En todas ellas nuestro programa es muy sencillo y corto. Casi tan sencillo como cuando decides ayudar a otros, casi tan corto como el instante en que decides cambiar tu vida.

Partido Humanista
Abiertos a las Personas, a las Culturas y al Futuro.

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