19 ene. 2008

Aborto y Nuevo Humanismo


Nos parece que el aborto es un problema social lo bastante importante como para requerir de “todos” el máximo de altura de miras para su discusión. A este respecto quisiera señalar nuestro punto de vista:

1.- Como primera cosa quisiéramos reconocer a las mujeres el principal derecho a discutir y decidir sobre este tema. No creemos que ninguna mujer que se ve obligada a abortar lo experimente como algo querido, sino que siempre son vividas como situaciones de mucho conflicto y muy difícil decisión. Tratarlas a todas ellas de “asesinas”, además de injusto y sin fundamento, demuestra una gran insensibilidad.

2.- Toda legislación sobre el aborto busca evitarlo o bien disminuirlo al máximo. Así que cuando se habla de gente “a favor del aborto” o “abortistas” se intenta de mala manera desacreditar a quienes apoyamos legislar sobre el tema. No hay nadie que quiera que existan abortos.

3.- El problema del aborto es una realidad médico - social que se debe resolver, como ya lo están haciendo aquellas sociedades orientadas por consagrados derechos humanos y aplicando la racional armonización de los derechos que les asisten a todas las mujeres, con los diversos valores y creencias asociadas con el inicio de la vida en el vientre materno.

Resumiendo, de lo que se trata es que se debe respetar la decisión de la mujer - la protagonista central de este debate - de continuar o interrumpir su embarazo, tomando debida consideración de los factores objetivos que intervienen en este proceso biológico, como también sus orientaciones filosóficas o religiosas, sobre el cuándo se es ser humano en el cuerpo materno.

Quienes defendemos la posibilidad de despenalizar el aborto en España - como uno de los recursos para resolver el problema que enfrenta la mujer que desea poner término a su embarazo no deseado - también defendemos el derecho de la mujer a tener los hijos que anhela, y todos aquellos derechos existentes y los por lograr, para que ella y sus hijos gocen de los beneficios y la protección de una sociedad humana y solidaria.

Exteriorizada nuestra posición de principios, trataremos de entregar algunos antecedentes que podrían contribuir a despejar dudas, o adquirir informaciones para tenerlas presente cuando se opina sobre el aborto.

En la mayoría de los países se reconoce, o se está en proceso de reconocer, el derecho de la mujer a participar en la vida pública, y por consiguiente, ella ya tiene la posibilidad de “ discutir y decidir “ sobre el tema del aborto. No se necesita ser un científico para saber que ella es quien experimenta el embarazo. Está quedando atrás la posición ultra machista de quienes niegan a la mujer el derecho a optar con respecto a su embarazo, pues es un asunto estrechamente ligado a sus expectativas y proyectos de vida.

Lo anterior se ve agravado cuando oímos a personas de elevada formación cultural expresando su oposición al derecho que se esgrimiría, para que la mujer hiciese “lo que quiera con su cuerpo, como si eso tuviera alguna relevancia“. Es lamentable que se desestime la relevancia que actualmente se le asigna al cuerpo humano, sobre todo al de la mujer, el cual - antaño - era considerado como mercancía, o simplemente objeto sexual o reproductor.

Lo aquí señalado está avalado por lo acordado por casi todos los 187 países participantes - incluyendo a España - en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en septiembre de 1995. A este efecto, se reconoció:

“Los derechos humanos de la mujer incluyen su derecho a tener control sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, y decidir libremente respecto de esas cuestiones, sin verse sujeta a la coerción, la discriminación y la violencia “. ( Ver Plataforma de Acción de la Conferencia, párrafo N¼ 97 ).

No resulta adecuado para resolver los problemas de una sociedad el argumentar en contra de creencias, porque cada cual tiene el derecho de mantenerlas hasta su natural agotamiento, como nos enseñan la historia y las ciencias. Lo que contribuye a encontrar soluciones es el estar de acuerdo en la verificación de hechos, realidades y fenómenos. La Embriología o la Biología del Desarrollo, como la enseñaran excelentes profesores y científicos comprometidos con la vida y su pleno desarrollo, ha contribuido a derrotar la ignorancia y las pre-concepciones acerca del proceso que genera un ente biológico, el que gradualmente llega a ser humano, y que ojalá tenga un comportamiento verdaderamente humano en su futura vida familiar y social.

Son muchísimos (por no decir la mayoría), los embriólogos que consideran que “el óvulo fertilizado, claramente no es un ser humano pre-envasado”. Establecen además diferencias entre el embrión y el feto, considerando que este último sólo lo es en el momento de su viabilidad, es decir, desde el momento en que puede sobrevivir y crecer fuera del seno materno (alrededor de la 21ª semana).

Afirmar entonces que hay vida humana en cualquiera de las etapas en el interior del seno materno es posible que, más que en un criterio científico, esté fundamentado en alguna creencia religiosa, como pareciera desprenderse de las desproporcionadas e intolerantes opiniones vertidas por un sector reducido aunque bastante ruidoso.

Asumir que la vida humana comienza en el momento de la concepción, es atribuir al ser humano “naturaleza”. Quien defina lo humano por la existencia de información genética en el embrión, por ejemplo, tiene una suerte de visión “zoológica” del ser humano. Al contrario de lo que se pretende argumentar, es justamente con esa mirada que se han justificado numerosas deslealtades hacia el ser humano. Por ejemplo: porque los nativos de un lugar eran diferentes a los conquistadores de otro lugar fueron llamados los “naturales” o aborígenes; es esa concepción la que produjo aberraciones como las del nazismo, basadas en las diferencias “naturales” que presentaban distintas razas. Así se ha justificado también que razas distintas, sexos distintos, posiciones sociales distintas, estaban establecidas dentro de un supuesto “orden natural” que debía conservarse de modo permanente.

Muy distinta a esta ideología zoológica de la naturaleza humana, es considerar que al ser humano lo define la reflexión de lo histórico social como memoria personal. Cada ser humano es su medio histórico y social y es, además, la reflexión y el aporte o no, a su propia transformación y a la de su medio. Para este punto de vista, que es el del Nuevo Humanismo, lo natural debe ser humanizado y es esta humanización del mundo (natural) la que hace del hombre un creador de sentido, de dirección, de transformación. Si ese sentido es liberador de las condiciones supuestamente “naturales” de dolor y sufrimiento, lo verdaderamente humano es justamente lo que va más allá de lo natural. Afirmar entonces que la vida humana (distinta a la vida en general) comienza en el momento del parto, es superar lo “natural” y reconocer la libertad de todo ser humano a construirse ilimitadamente y modificar su medio más allá de cualquier condición “natural”.

Afirmamos con firmeza que quienes apoyamos una legislación sobre la interrupción justificada - médica, social y psicológica - de un embarazo no deseado, o con riesgo de muerte para la mujer, no estamos promocionando este recurso extremo, ni menos abogamos por su obligatoriedad, como maliciosamente algunos tratan de hacer creer.

Contrariamente a la conocida argumentación sectaria sobre el aborto, defendemos el derecho a diferir de nuestra posición, y respetamos la conducta reproductiva de quienes obedecen a otros valores y creencias. Sólo exigimos que exista reciprocidad, es decir, que estas posiciones respeten también la nuestra o la de otros que difiera de la suya, como lo demanda la convivencia en una sociedad democrática, diversa y plural.

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