23 oct. 2012

Sobre el momento actual de la educación en España



Por mucho que el ministro de educación Wert lo niegue, las cifras globales del presupuesto indican claramente la dimensión del problema. El gasto público para este curso (50.448 millones de euros) es similar al que hubo en 2008, pero en las aulas hay 800.000 alumnos más que entonces, y ya ha dicho que seguirán produciéndose recortes en el futuro inmediato.

Desde nuestro punto de vista, es clara la intención de este gobierno ultraliberal, que sigue a rajatabla las consignas de la FAES del Sr. Aznar, eliminar la educación pública y, si no lo consigue, asfixiarla y convertirla en una educación de ínfima calidad y al servicio de una minoría instalada en el poder que no soporta que la gente tenga conocimiento alguno y que quiere a las nuevas generaciones con una actitud de siervos y esclavos y que sólo estudie el que pague; por tanto, convertir la educación en otro negocio más, excepto para sus hijos, claro.

 Foto de Juan Martín Zarza

Mientras la aspiración de la mayoría de los padres es poder ofrecer a sus hijos una educación de calidad que les prepare para enfrentarse a la vida cuando sean adultos, los recortes aprobados en los presupuestos educativos —estimados en casi 6.000 millones de euros- están haciendo mella en las aulas y los bolsillos, y eso es algo que las familias acusan rápidamente; hasta el punto de que los colegios públicos vivieron el jueves de esta semana una situación inédita en España: una huelga de padres en protesta por los recortes y en defensa de un sistema educativo público de calidad.

Los padres han observado y sufrido que el curso comenzaba teniendo que pagar el 21% de IVA en los libros, con menos profesores y más alumnos por clase, cómo desaparecían los profesores de refuerzo y cómo dejaban de cubrirse las bajas de estos por enfermedad. Un recorte drástico de las ayudas para libros de texto y otras necesidades, como las ayudas de comedor y de las clases de música que dejarán a miles de niños sin recibir ni unas ni otras.

El escritor parisino Jean Cocteau decía: “no se puede vivir en una época como esta, donde la gente no cree en nada, ni siquiera en los prestidigitadores”. Desde nuestro punto de vista, lo que no compartimos con Cocteau en esta frase es que sea una desgracia vivir y actuar en una época tan difícil y desamparada.

Sin duda, vivimos en un tiempo de completa inseguridad; crece a marchas forzadas el malestar entre la población por ser cada vez mayor la cantidad de españoles afectados por las medidas violentas y discriminatorias aplicadas por este gobierno; y este malestar lleva a una mayor intensidad el grado de indignación y, parece, que también de rebeldía a la luz de las últimas movilizaciones ciudadanas acontecidas a lo largo de la geografía urbana española durante los tres días en que fueron convocadas estas por diferentes colectivos sociales, pero fundamentalmente, por las asociaciones de padres de alumnos de la educación pública y a modo individual apoyada por un gran número de padres de la educación privada y concertada, ya que se está produciendo un trasvase paulatino hacia los centros públicos de alumnos de los centros privados y concertados cuyas familias no pueden seguir soportando, a causa de la crisis, los costes adicionales que se les exige.

Sobre el modelo educativo

Ser educado, no es saber inglés, física, lengua o matemáticas, dice la UNESCO, ser educado es ser libre y responsable”.

Por otro lado, la Institución Libre de Enseñanza, nació negándose a ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política, científica o moral. Los catedráticos que la conformaron en 1876, habían sido expulsados de la Universidad, expedientados y encarcelados, por defender la libertad de cátedra. Así, de la mano de ilustres y generosos personajes como Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, Teodoro Sainz Rueda y Nicolás Salmerón, surgió tan paradigmática Institución y, en este contexto, Giner de los Ríos decía que “ser educado es poder dirigir tu propia vida”. Lo otro, saber inglés, matemáticas, etc., es conocimiento, es cualificación profesional, habilidades, técnica… y puede haber un señor que sabe mucho ingles y ser un mal educado o un eminente sabio de cualquier campo del conocimiento y ser un mal educado. A este tipo de personas que acumulan un gran conocimiento parcial sobre algún aspecto de la realidad las denominó Ortega “nuevos bárbaros”, capaces, por ejemplo, de poner sus conocimientos al servicio de la industria armamentística o de otros proyectos al servicio de esa minoría dominante, en lugar de devolvérselo con creces a la sociedad a la que él o ella se debe, por justicia y moralmente.

¿Cómo están las cosas?[1] Nada acontece en nuestro tiempo más esencial que el hecho de que nuestro tiempo –es decir, cómo están las cosas hoy- se nos ha hecho total y radicalmente problema. La ocupación con cualquier otro problema supone ya éste. Por eso cabe decir que hoy tenemos ante nosotros un problema previo y que ese problema previo es precisamente nuestro hoy.

El futuro al que aspiramos

Más allá de los problemas coyunturales, de las luchas parciales entre una minoría de opresores y una mayoría de oprimidos, entre una minoría que no quiere perder sus privilegios y su poder y que pretende imponer, disciplinando a la mayoría, un estilo de vida que se corresponde con ese viejo mundo que muere; decimos que más allá de ellos, existe una profunda y gran crisis en la que nos vemos todos inmersos y afectados. Un mundo viejo se acaba y todavía no se aprecia ese mundo mejor y nuevo al que la mayoría de los seres humanos de este planeta aspiramos.

El dinero se concentra cada vez en menos manos que controlan los grandes medios de comunicación, los gobiernos, las multinacionales, las fuentes de energía, las armas y las materias primas. No es extraño, entonces, que las noticias en los medios tradicionales o los mismos sistemas educativos, invadan la subjetividad de las personas buscando sostener el esquema actual. La mayoría tiene la sensación de elegir libremente (a sus  gobernantes, qué comprar, dónde trabajar, qué estudiar, dónde vivir); pero esas elecciones están restringidas a un marco perfectamente controlado.

Quizás, sólo quizás y ojalá que así sea, cada vez más personas nos hacemos la siguiente reflexión, ya expresada de muchas maneras por nuevos humanistas como Juan José Pescio[2]: ¿Cómo fue que millones de personas llegamos a valorar este proyecto de vida posesivo que impulsa a acumular bienes, saberes y relaciones? ¿En verdad debemos ocuparnos sólo de nosotros mismos y desentendernos de los demás? ¿Es así la “naturaleza humana”? ¿O esas minorías han modelado la mente de sociedades enteras, por medio de engaños, haciéndonos creer que somos individuos libres?

Creemos que de esa reflexión necesaria, profunda y verdadera de muchas personas que quieren despertar y cambiar el estado de las cosas, surgirán las nuevas respuestas que necesita darse hoy el ser humano normal y corriente. De ese clamor profundo de millones de seres humanos violentados y discriminados surgirá aquella nueva imagen del futuro que hoy es necesaria para recuperar la fe en nosotros, en los demás y en un futuro nuevo y mejor para todos.

Ramón E. Rojas Hernández

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[1] José Ortega y Gasset, conferencia en las Jornadas sobre profesiones liberales, junio de 1954 en Bad Boll, Württemberg (Alemania).
[2] Juan José Pescio, Lic. en Ciencias de la Educación y docente de la Universidad de Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires); considera que el proyecto de vida individualista, posesivo y competitivo –globalizado por la minoría dominante­– es la base de la cultura violenta del mundo actual.

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