9 jul. 2011

“Soberanía e Integración en tiempos de emergencia”


Estamos aquí, convocados por temas tan interesantes como los son la integración regional, la soberanía, el desarrollo económico, y la necesidad de una nueva arquitectura financiera para América Latina. Temas muy afines al Humanismo, y con los cuales no puedo más que manifestar mi total acuerdo, y en particular con el enfoque del Dr. Pedro Páez Pérez.
Guillermo Sullings

Pressenza Santiago, 7/7/11 Poco podría agregar a las propuestas sobre esta nueva Arquitectura Financiera Internacional, sino más bien decir que me he ilustrado con ellas. Tal vez podría agregar que, habiendo vivido de cerca la experiencia de Argentina en los últimos 10 años, les puedo asegurar que los hechos avalan contundentemente muchos de lo que aquí se ha dicho. Y esto hay que destacarlo, porque es común que los formadores de opinión que predominan en los medios de comunicación masiva, descalifiquen o ignoren toda propuesta de cambio, asumiendo que son propuestas “poco serias”, todas aquellas que contradigan al “pensamiento único” de la economía neoliberal y a los devotos del “Dios Mercado”. Y son precisamente ellos los que deben ser descalificados, ya que la crisis internacional fue provocada por las políticas que defienden, y en este momento sus recetas de ajuste ortodoxo están generando un desastre en Europa.
Pero yendo a la experiencia argentina, podemos decir que, mientras los formadores de opinión y los economistas “serios”, decían que la salida de la convertibilidad hundiría al país, la realidad fue que lo que lo hundió fue esa creencia, y lo que lo sacó a flote fue la recuperación del manejo de su política cambiária. Cuando decían que después del default, no podríamos financiarnos porque quedaríamos aislados del mundo, la realidad indicó que gracias a quedar aislados de los especuladores y usureros, pudimos financiar el crecimiento con nuestros propios recursos. Y mientras decían que ya no habría inversiones en Argentina, la realidad indicó que cesaron las inversiones especulativas, mientras que la inversión productiva fue aumentando y se generaron 5 millones de puestos de trabajo.
Queda claro que los economistas del establishment siempre defenderán los intereses de quienes hacen grandes negocios con el endeudamiento de países, empresas y personas. Porque ese es precisamente el negocio de la Banca, manejar el flujo financiero para que todo dependa del crédito privado, y así generar ganancias con la usura, alimentar burbujas especulativas y tomar ganancias antes de que estallen. Los especuladores de las finanzas conocen mejor que nadie las propiedades del dinero, propiedades a veces incomprensibles para el común de la gente. Yo siempre recomiendo la lectura de un libro de John Galbraith, “El dinero”, donde de manera muy sencilla y didáctica se relata la historia y los atributos de este instrumento. Y conociendo esto, cuando uno ve la debilidad y la falta de respaldo de los instrumentos financieros con los que se han ido construyendo estas burbujas, y contrasta con ello los valiosos recursos con los que cuenta nuestra región, queda en evidencia la total viabilidad de una nueva arquitectura financiera apoyada en nuestras propias fortalezas.
Tan fundamentales resultan los instrumentos financieros para el desarrollo de la economía, que su utilización debiera ser considerada de patrimonio público. Porque así como las calles, las rutas y los ríos son públicos, para garantizar la libre circulación de las personas, así también la circulación del dinero debiera ser manejada fundamentalmente por los estados, y no depender de la arbitrariedad y la voracidad de la Banca Privada.
En este sentido, es indudable la necesidad de una nueva arquitectura financiera dentro de los países, con Bancos Centrales que respondan a los intereses del pueblo y no a los intereses del Gran Capital. Y también se hace necesario que los estados que necesitan financiamiento, no tengan que acudir a las sanguijuelas privadas, ni a sus representantes como el FMI o el Banco Mundial, sino que puedan acudir a instituciones regionales comprometidas con el desarrollo y el bienestar de nuestros pueblos. Eso implica un Banco Regional de Desarrollo, una moneda regional y un Fondo Regional.
Con respecto al tema de la Soberanía y la Integración Regional, creo que nuestra región ha ido consolidando a través de la UNASUR, una verdadera integración política que es un pilar en la defensa de la soberanía de nuestros países y de sus democracias. Ahora debemos avanzar en acuerdos que aseguren la complementación antes que la competencia, para garantizar la soberanía alimentaria, energética y financiera. Ello no solamente implica una creciente independencia de los factores extra- regionales, sino que además debe implicar una gran equidad y solidaridad en la distribución dentro de la región, para asegurar un equilibrio sostenible.
Y sobre todo es importante comprender que la soberanía de la región no es la mera sumatória de las soberanías nacionales, sino que implica políticas conjuntas, y compromisos para que entre todos aseguremos que a ningún país de la región le falten los alimentos, la energía, o los recursos financieros.

Es importante también que los derechos y obligaciones emergentes de los acuerdos regionales, se constituyan no desde los intereses de los grupos económicos, sino desde las necesidades de las poblaciones. En ese sentido, las prioridades en la integración económica, deben estar en la generación de empleo, y no en las ganancias empresariales de las multinacionales.
Podríamos agregar también, que la integración regional no debiera verse como un “regionalismo” al estilo de un “nacionalismo ampliado”. Porque si bien es una necesidad en esta etapa, fortalecernos como región frente al caos mundial, los ataques especulativos, y los intereses colonialístas. También debemos entender la integración regional como un paso hacia la integración planetaria. Será bueno entonces articularnos, pero favoreciendo la integración con otros pueblos del mundo, al cual seguramente podremos hacerle un gran aporte en estos tiempos de crisis. Y este es un punto que quisiera desarrollar. El gran aporte que América Latina, y en particular América del Sur puede hacer en este momento histórico. El de ser un ejemplo a seguir en el desarrollo de un nuevo modelo de crecimiento económico.
Porque ya hemos visto la importancia de contar con un sistema financiero regional para nuestro desarrollo. Pero también será importante analizar qué tipo de desarrollo queremos. Podríamos hablar de un desarrollo sustentable, y de una justa distribución del ingreso, pero eso solo no nos explicará todo.
El término desarrollo sustentable puede tener muchísimas interpretaciones; desde aquella publicación del Club de Roma, “Los límites del Crecimiento”, en 1972, muchas cosas se han dicho y han pasado, algunas desmintiendo y otras confirmando los futuribles enunciados en aquellos tiempos. Hay quienes hablan de la posibilidad de crecer indefinidamente, porque todo se irá autorregulando, otros dicen que hay que frenar el crecimiento, hay quienes dicen que hay que decrecer, y hay quienes piensan que al mundo le sobra gente.
Pero la sustentabilidad, no pasa solamente por el equilibrio ambiental y el cuidado de los recursos naturales; la sustentabilidad también debe ser social, económica y política. Y está claro que con la actual matriz de producción, de consumo y de distribución del ingreso, será imposible revertir la marginalidad de miles de millones de personas en el mundo. Hoy India y China se están constituyendo en los motores de la economía mundial. No se trata de dos países cualquiera, ya que entre ambos superan los 2.500 millones de habitantes, es decir más de un tercio de la población mundial. O sea, que son las poblaciones en definitiva las que están motorizando la economía. Ahora bien, para que estos países alcancen en su desarrollo el PBI per cápita que hoy tienen Europa y USA, tendrían que multiplicar en promedio 8 veces su PBI actual. Es decir, que si el horizonte fuera la sociedad de consumo del denominado primer mundo, seguramente habría problemas para crecer lo necesario para que todos los países accedan a él.
Pero además, está probado que cuanto más se crece, si bien algunos índices relacionados con la pobreza absoluta mejoran, la brecha en la distribución del ingreso aumenta. Esto significa que si pretendiéramos crecer con la actual matriz distributiva del capitalismo, hasta que toda la población mundial alcance los mínimos estándares para una vida digna, la proyección sería aún mayor. Por ejemplo, el PBI per cápita promedio en el mundo es de unos 10.600 dólares anuales (parecido a Brasil), unos 30 dólares por día. Pero sabemos que casi un tercio de la población mundial vive con 2 dólares diarios o menos. Con la matriz distributiva actual habría que crecer 15 veces en todo el mundo para que los más pobres lleguen al promedio actual, y habría que crecer 60 veces para que los mismos lleguen al nivel de los países del primer mundo.
Evidentemente tendremos problemas de abastecimiento, salvo que conquistemos el universo en el corto plazo.
Seguramente que algunos de los que piensan (aunque no lo digan) que al mundo le sobra gente, apostarán a que una autorregulación maltusiana diezme la población y entonces se equilibren los mercados. Pero nadie dice esas cosas porque quedan mal, lo que todos dicen es que hay crecer sustentablemente, sin perjudicar el medio ambiente, y satisfaciendo las necesidades de toda la población. De acuerdo, pero ¿cómo? ¿Acaso quienes proponen el cese del crecimiento o incluso el decrecimiento, suponen que China, India y Latinoamérica debieran congelarse en la situación actual, con más de mil millones sumergidos en la pobreza? Desde luego que no dirán. Pero entonces, como haríamos ¿Detenemos el mundo en este momento, repartimos el PBI mundial por partes iguales y cada cual subsiste con los 30 dólares diarios que le tocan? Muchos exclamarán ¡Sí, firmo ya mismo!; y muchos otros mirarán para los costados y explicarán que “en realidad las cosas no deben ser tan as픓somos progresistas pero no tanto”.
Seguro que esta teórica redistribución igualitaria súbita es materialmente impracticable, por no hablar de lo políticamente posible. Pero lo que sí debiera ser posible e imprescindible, es ir ya corrigiendo la matriz distributiva, para que el crecimiento futuro vaya mejorando la equidad, y para que no sean necesarias tasas inalcanzables de crecimiento en pos de mejorar unos pocos decimales el ingreso de los marginados. Simultáneamente con eso habría que generar una reconversión en muchos renglones del PBI actual mundial, sobre todo utilizando los enormes recursos que se invierten hoy en armamentos y utilizarlos en la producción de bienes para satisfacer necesidades humanas. Y al mismo tiempo habría que ir paulatinamente derivando recursos que hoy van hacia el consumo suntuario o la especulación financiera, para invertirlos en la producción de bienes y servicios que hagan a la mejora en la calidad de vida de las poblaciones.
Lo que estamos diciendo es que no se trata de frenar el crecimiento, sino de direccionarlo hacia las necesidades de los más pobres. Y junto con ello habrá que modificar la composición de ese crecimiento, para que sea racionalmente sustentable. Por ejemplo, si se multiplicara por 10 la producción mundial de servicios de salud y educación, la población mejoraría notoriamente su calidad de vida, sin que exista ningún impacto ambiental adicional, y sin que se agoten recursos naturales. Ahora… si el mercado dice que lo que hay que multiplicar por 10 es la producción de automóviles…seguramente que empezarán a colapsar algunas cosas. Si explotamos racionalmente las tierras fértiles, los recursos marítimos, y vamos mejorando las tecnologías, seguramente que podremos alimentar a toda la población mundial, contradiciendo las profecías maltusianas del Club de Roma. Pero si el mercado dice que hay que usar las tierras fértiles para producir biocombustible, para que puedan abarrotarse de más autos las carreteras, seguramente que habrá menos alimentos y mucho más costosos.
La sustentabilidad del desarrollo tiene que ver con la diversificación racional de la producción y con la transformación de la matriz distributiva. Pero eso colisiona con los intereses del poder económico global y con la cultura del consumismo irracional; las dos caras de una misma moneda llamada mercado. En algún momento, los desastres de todo tipo generados por el Dios Mercado en el mundo, obligarán a replantearse este modelo de crecimiento, pero no será tan fácil encontrar un camino alternativo si no existe alguna demostración de que el nuevo camino funciona. Y es en ese sentido que creo que Latinoamérica, y en particular América del Sur debería cumplir un rol fundamental.
Hoy América del Sur es quizá la región donde convergen mayor proporción de gobiernos progresistas. Hoy América del Sur es una de las regiones que más crece, y que mayor potencial de recursos naturales posee. Somos una región que no solamente tiene el potencial para arribar pronto a su soberanía alimentaria y energética, sino que además puede ayudar a alimentar a buena parte del planeta. Y en estos tiempos de emergencia, no solamente podemos generar respuestas por nuestra región, sino por el mundo entero.
La pregunta es entonces, ¿Cuál será nuestro modelo de crecimiento regional?, ¿Acaso el decadente paradigma irracional y consumista que nos pone de ejemplo el primer mundo? Seguramente que habrá que intentar otro camino; pero ello implica un esfuerzo para producir un cambio cultural, y una articulación muy solidaria y muy sabia entre nuestros países, para generar una mística social que sustente ese cambio.
Entonces, para ir terminando, creo que América Latina tiene dadas las condiciones para poder integrarse como región, política y económicamente, para consolidar su soberanía política, para lograr su soberanía alimentaria, y para diseñar una nueva arquitectura financiera que le de soberanía monetaria. Pero también creo que los recursos financieros que podamos generar, a la hora de destinarlos para fomentar el desarrollo productivo y mejorar los ingresos de nuestra población, debieran canalizarse mediante un nuevo modelo de desarrollo. Porque mejorar la situación económica de nuestra gente, no puede confundirse con darles mayor poder adquisitivo para imitar el modelo consumista del llamado primer mundo. Y yo veo que algunos gobiernos en la región, si bien felizmente han abandonado al menos en parte las prácticas neoliberales, lo que están aplicando, tal vez por falta de un nuevo modelo, son políticas neokeynesianas, intentando distribuir mejor desde el estado, pero sin cambiar la matriz distributiva de la economía privada, y sin cambiar el modelo consumista, y entonces muchos recursos caen en saco roto. Debemos esforzarnos en producir una integración económica que contemple un cambio en esta matriz. Y todo ello implica un nuevo desafío, el de una verdadera soberanía cultural, para adoptar otros paradigmas, que tal vez algún día el mundo entero adopte.
Finalmente quiero decir que estas conclusiones, acerca de que irremediablemente para poder lograr un desarrollo sustentable y equitativo, hay que cambiar el modelo cultural, debo confesar que no sé si son la consecuencia de un riguroso razonamiento deductivo, o si forman parte de una verdad apriorística, nacida de mis más íntimas aspiraciones. Pero sea como sea, me niego terminantemente a creer que para poder avanzar en el desarrollo material, haya que continuar alienando la mente, domesticando el corazón, y sacrificando el espíritu.

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